lunes, 21 de abril de 2008

Historia de dos almas.


Por Juan Ignacio Ravinet


Una fría noche de invierno, un acongojado muchacho entablece una emotiva conversación con la persona que quizás mas signifique para el. Están los dos solos, iluminados por la luz de la luna, y a su vez, tratando de combatir el intenso viento helado. El, con una lagrima recorriendo por su mejilla, voz entrecortada y una mano en el corazón. Ella, con los ojos brillosos, pareciera que lo escucha atentamente.

Lluvias, tormentas, tempestad. Creo que eso es lo único que ha habido desde que se supone que debió haber llegado el sol. Está bien, exageré, como muchas veces lo he hecho en mi vida. Pero no encuentro otra forma de decirlo.

¿Cómo no poder asimilarlo aún?, ¿Qué mal paso dimos?, ¿Qué se supone que debió haber pasado?, ¿Acaso esto no era EL momento que tanto esperábamos?, ¿No se supone que hemos sido lo suficientemente fuertes para soportarlo todo?, ¿Por qué ahora?, ¿Por qué este momento hemos elegido para que llegue el infierno a nuestras vidas, justo cuando estaba llegando el cielo?

Son algunas de las preguntas que se escuchan, aquella fría noche de invierno.

Fue algo que siempre soñé. No te lo puedo negar, ¡no puedo inventar algo así!, ahora siento que al fin lo estoy logrando, ¡pero a medias!, ¿Por qué tiene que ser a medias? ¡No entiendo! ¿Qué más me falta por hacer? ¿Qué más te falta por hacer a ti?

Dios, por favor, de corazón, ayúdame a encontrarle una respuesta a esa gran interrogante. ¿Por qué esta llegando la tempestad a nuestras vidas? ¡Si lo único que debe estar presente en un momento como este es la luz del sol!

El muchacho se larga a llorar. Simplemente no aguanta más. No puede creer el brusco giro que dio su vida en tan poco tiempo. Se ve desamparado, preocupado, simplemente no logra entender qué es lo que le esta pasando a su vida.

¡Yo te necesito!, le dice. ¡EL nos necesita, a los dos!, repite con más fuerza aún. No veo por que maldita razón viene la tormenta ahora, ¡no le encuentro sentido!, ¿por que no vino antes?, Al menos ahí, habría una razón la cual podría entender.

¡Nada de lo que hago lo hago para dañarte, mi amor! ¡Estoy desconsolado! Tú sabes que no soy un dios, no soy perfecto, soy un simple humano, como cualquier otro. Me puedo equivocar un millón de veces, pero algo de lo que estoy orgulloso, es que un millón de veces me voy a parar luego del error y caminare hacia delante. Puede ser muy repetitivo para ti quizás, pero yo, al igual que tu, estoy en un proceso constante de aprendizaje de mis errores y caídas. Tú deberías hacer lo mismo – Le dijo el muchacho, aun con la voz un poco débil.

¿Por qué lo imaginamos tanto?, ¿Por qué nos ilusionamos tanto?, ¿Por qué sufrimos alegrías y penas, juntos por esto? Lo hayas querido o no, formamos un plan de vida, esto nunca fue un juego. Entonces, ¿Por qué llego la tormenta justo cuando empezamos a vivir toda esta magia?, ¿Habrá sido solo una coincidencia, o ya estaríamos empezando a hablar de un cumplimiento de metas personales, para así poder dejar ciertas cosas de lado, dejarse el “camino libre”? Tonterías, tonterías…

La muchacha lo sigue mirando atentamente, y una lágrima comienza a descender de su ojo, sin decir ninguna palabra.

¿Por qué no somos felices y punto? ¿Cuesta tanto? No lo creo. En todo caso, siempre hay algo que permanece escondido entre las sombras, ya sea tuyo, o mío. La verdad cuesta triunfar en situaciones como esta. Pero es el único camino a la luz. Lo rutinario nos molesta a veces, lo sé. Somos unos egoístas, ¿Dónde quedaron nuestros espacios de conversación, donde nos contábamos de todo y juntos, de la mano, buscábamos una solución? Amada mía, tu tienes las respuestas, lo veo en tu mirada.

Se quedaron mirando a los ojos durante unos minutos, sin decirse ni una sola palabra. Las lágrimas lentamente caían al suelo, los ojos les brillaban. El frío era intenso y el reloj avanzaba. Al cabo de un rato, los dos muchachos se abrazaron, más fuerte que nunca, como nunca antes lo habían hecho, soltaron todo lo malo, lloraron a mares. El descargo fue mutuo.

Ninguna palabra fue necesaria. El amor es un lenguaje de sentimientos, no fue necesaria ni siquiera una silaba más. A través del lenguaje de los sentimientos y el corporal, se juraron amor eterno, dieron por superado todo conflicto, y decidieron vivir juntos esta etapa, que sin duda se convirtió en la más linda y significativa de sus vidas.


Nunca más se separaron.

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